Esther Galicia Pedagoga

Creatividad y Educación en el Día a Día

La conciliación no es cosa de los niños, niñas y niñes

Sé que hay una teoría psicológica que viene a explicar por qué cuando estamos centrados o focalizados en algo todo confluye: conversaciones, imágenes, programas de televisión y hasta si me apuras la publicidad que ves por la calle.
Es lo que supongo que está pasando últimamente en mi entorno y que me está llevando a encontrar multitud de anécdotas en torno a la conciliación.

Empecé el otro día, cuando una buena amiga no-madre me comentaba que le llamaba mucho la atención que las familias de hoy en día no pisaban los parques. Le explicaba yo que muchas veces llegamos tan cansados después de toda la jornada que lo que menos te apetece es estar corriendo detrás de los y las peques, o simplemente que cuando tu jornada empieza a las 06.00 y son las 18.00 y aún estás de pie y te quedan horas y tareas por delante lo que menos te cuadra es ir a un parque.

Hablamos entonces de las actividades extraescolares, de cómo son herramientas para cubrir el horario de trabajo de los progenitores y de cómo a veces tienes que renunciar a la que más puede gustarle al peque simplemente porque no te cuadra llevarlo, recogerlo o bien coincide con otras actividades de sus hermanos/as… y de ahí a que alguien preguntara en un grupo al que pertenezco las benebolencias de la “Jornada Escolar Continua” pues pasaron apenas unos días… Beneficios que se sustentaban sobre todo en compaginar horarios con comedores y actividades extraescolares…

Y ahí estaba yo, pensando en eso, planificando la semana, cuando al pequeño koala le subió la fiebre hasta 39.3º y tuve que readaptarme para poder atenderla. Y en la mañana de ayer lunes, que claro poco puedo coger el ordenador pero mi cabeza va a mil con los proyectos y las redes sociales (que el móvil para esto nos da una herramienta genial) aparece una entrada que hace que se me salten las lágrimas. Y sí, reconozco que cuando no duermo las cinco horas que me permiten las tres niñas, diabetes, y demás, me pongo más sensible de la cuenta y lloro… y ahí andaba yo leyendo al entrada de José María Ruíz Garrido de #LaParejitaDeGolpe acordándome de que aunque en esta casa intentamos fomentar eso del #slowfamily a veces se nos va la vida entre prisas… Cuando me puse a pensar…

Y pensé que…

La conciliación no puede ser un problema de casa, de barrer para dentro.

La conciliación no puede ser eso cuyo peso recae sobre las mochilas de los horarios de nuestros/as/es hijos, hijas e hijes. 

La conciliación no puede ser eso que decimos practicar mientras corremos de un sitio a otro, pensando en que no llegamos y sin darnos cuenta de cómo se nos escurre el tiempo entre los dedos.

La conciliación no puede ser la excusa para cargar a nuestros/as/es hijos/as/es de un horario maratoniano de 10 horas en un centro escolar, de lunes a jueves, porque sino tenemos que elegir entre familia y trabajo. 

Porque mientras que entendamos la escuela como un espacio donde dejar a nuestros pequeños/as/es la educación no pasará a ocupar el espacio y el protagonismo que necesita.

Y es que si te pones a pensar la conciliación que practicamos no recae en las mujeres únicamente, recae también en nuestros/as hijos/as/es, quienes no pueden defenderse, no pueden reclamar el espacio que necesitan y sobre todo no pueden recuperar el tiempo que les estamos robando para ser simplemente niños/as/es.

Si tienes tiempo hoy párate y piensa qué prima más cuando tomas las decisiones sobre los horarios de tus hijos/as/es y me lo cuentas, soy toda oídos.

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